🍕 Pizza

Preparación de la pizza: procesos, masa y división

Hacer pizza no es solo seguir una receta: es un acto de amor que requiere paciencia y racionalidad. Desde el método directo hasta la división, te guiaré en mi laboratorio ideal.

📅 3 mag 2026 La Redazione
Preparación de la pizza: procesos, masa y división

Bienvenidos a esta cita dedicada al arte de la panadería que tanto nos apasiona. Hoy quiero llevarlos a mi laboratorio ideal para hablar de ese camino mágico que transforma unos pocos ingredientes simples en una obra maestra de crocancia y sabor. Hacer pizza no es solo seguir una receta escrita en un papel, sino que es un verdadero acto de amor que requiere paciencia, racionalidad y muchas ganas de aprender de nuestros errores.

La elección de la harina: punto de partida

Todo comienza en la mente antes que en las manos. El primer gran obstáculo que muchos encuentran es la elección de la harina. Estamos bombardeados por anuncios de harinas biológicas molidas a piedra con granos antiguos provenientes de rincones remotos del mundo, pero si están comenzando o si quieren un resultado garantizado sin volverse locos, no tengan miedo de usar una buena harina de fuerza como la manitoba. A menudo se dice que la harina fuerte hace daño o es menos digestible, pero son solo habladurías infundadas.

Especialmente si desean preparar una buena pizza en bandeja, alta y esponjosa, necesitan una harina que tenga músculo: un alto contenido proteico, alrededor de trece o catorce gramos. Una harina fuerte es como un atleta bien entrenado, capaz de beber mucha agua y de retener los gases de la fermentación sin ceder. Si usan harina débil y tratan de hacer una masa muy hidratada, se encontrarán con una pasta pegajosa. Así que, para las primeras veces, vayan a lo seguro.

La masa: la palabra clave es estabilidad

El corazón del proceso requiere coherencia. Si cada vez que amasan cambian de marca de harina, tipo de levadura, tiempos de reposo y temperatura del agua, nunca entenderán por qué una vez les sale bien y la próxima es un desastre. Compórtense como pequeños científicos en la cocina: cambien una sola cosa a la vez.

Empiecen con un método directo, el más honesto y transparente: agua, sal, harina y levadura de cerveza. Hablando de la levadura madre que tanto está de moda: es algo maravilloso, una poesía que sabe a antiguo, pero también es una complicación enorme. Gestionarla correctamente requiere una dedicación casi total, y si no está en perfecta forma los arriesga a obtener un producto ácido o que no crece bien. Para una pizza redonda clásica, la levadura de cerveza es perfecta, no se necesita nada más.

Cuando empiecen a mezclar los ingredientes, háganlo con suavidad. No es necesario torturar la masa durante horas. Si trabajan a mano o con un pequeño amasador doméstico, lo importante es no calentar demasiado la masa. El exceso de calor arruina la red glutinosa que se está formando. Si sienten que la masa está volviéndose demasiado caliente, deténganse y déjenla reposar unos minutos. Una vez que la masa esté bonita, lisa y homogénea, déjenla reposar cubierta: aquí ocurre la magia de la relajación del gluten.

La división: el momento más satisfactorio

Después de la primera fermentación llega uno de los momentos más bellos del proceso: la división. Esta palabra

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