🔬 Tecnica

La magia de la biga entre pan y pizza

Imagina abrir el horno y sentir cómo se extiende en la cocina un aroma pleno y antiguo: el de un pan bien horneado o una pizza recién salida del horno. En ambos casos, el encanto proviene del mismo gesto primordial, el de una masa que cobra vida, crece y cambia.

📅 3 mag 2026 La Redazione
La magia de la biga entre pan y pizza

Imagina abrir el horno y sentir cómo se extiende en la cocina un aroma pleno y antiguo: el de un pan bien horneado o una pizza recién salida del horno. En ambos casos, el encanto proviene del mismo gesto primordial, el de una masa que cobra vida, crece y cambia de consistencia bajo las manos. Muchos observan las técnicas de los grandes maestros como si pertenecieran a un conocimiento lejano, reservado para unos pocos especialistas. En realidad, el premezcla conocido como biga es una herramienta accesible también en la cocina de casa y representa una de las maneras más efectivas de mejorar tanto el pan como la pizza. Es un paso técnico que une la practicidad de la levadura de cerveza con la riqueza aromática típica de las fermentaciones más avanzadas, aportando en el producto final más aroma, mejor estructura y una placentera masticación notablemente superior.

Entrar en el mundo de la biga significa adoptar un método tanto científico como artesanal, hecho famoso también por la sistematización del Maestro Giorilli. La fuerza de este premezcla radica en la acidez que se desarrolla durante la maduración: no solo enriquece el perfil aromático, sino que activa procesos enzimáticos que impactan concretamente en la calidad final. En el pan, esto se traduce en una miga más fina, una desmenuzabilidad equilibrada y una conservación más prolongada. En la pizza, por otro lado, favorece la ligereza, la descomposición, un mejor dorado en la cocción y una estructura capaz de permanecer crujiente por fuera y suave por dentro. Por lo tanto, la biga no es solo un recurso técnico, sino un verdadero puente entre dos mundos cercanos: el de la panificación y el de la pizza artesanal.

Para preparar una biga tradicional se requiere precisión, control de temperatura y respeto por los tiempos. La fórmula clásica implica un kilogramo de harina 00 con una fuerza entre W 300 y W 340, 450 gramos de agua y 10 gramos de levadura fresca. La manipulación debe ser breve: se desmenuza la levadura en la harina, se añade toda el agua y se amasa a baja velocidad hasta obtener una masa gruesa, quebrada en bloques compactos, sin desarrollar completamente la red de gluten. Este conjunto permite que el premezcla retenga bien los gases de la fermentación evitando al mismo tiempo el sobrecalentamiento. La temperatura final debería estabilizarse alrededor de 19 grados, mientras que la maduración requiere aproximadamente 16 horas en un entorno estable entre 16 y 18 grados.

Cuando se decide utilizar la biga para una proporción muy alta o total de la masa final, entra en juego un elemento decisivo: el extracto de malta diastásica. Después de una fermentación tan larga, de hecho, la masa resulta pobre en azúcares disponibles y presenta una proteasa avanzada, es decir, una degradación parcial de la estructura del gluten. La adición de una dosis entre el 2.5% y el 3.5% ayuda a nutrir de nuevo a las levaduras y a sostener el gluten residual, mejorando el desarrollo y el dorado sin sobrecargar el resultado con adiciones adicionales de levadura.

¡Recibe una receta detallada o una técnica que cambia tu forma de amasar!

Suscríbete al boletín gratuito de Il Circolo del Forno.

← Volver a todos los artículos